Sentémonos juntos a la vera de la cálida y ligera llama que brota desde nuestro interior. ¿Por qué la necesidad de algo más? El sueño se terminó para evitar el fin. Punto y final. No hay necesidad de buscar un nuevo comienzo para algo que terminó antes de terminar. Ya lo decía mi amado Dante. "¡Oh gente humana, para volar nacida! ¿porqué al menor soplo caes vencida?" Pisamos nuestras limitaciones porque creemos que así podremos traspasarlas. Nacemos, reímos, lloramos, amamos, sufrimos, nos vamos. ¿Nada más? El tiempo no mudó para evitar la mudanza, no. Estamos muy equivocados. Las limitaciones existen, ¡que me lo digan a mí! Basamos nuestra realidad en un falso valor de sociedades, ¡menuda estupidez! Para llegar a vivir 100 años hay que comer verdura, hacer ejercicio y tener una vida honrada y servicial. ¡Al demonio con los cien años! Odio la maldita verdura. Y es que a todo el mundo le gusta creer que sabe. Que sabe sobre política, sobre física, sobre historia, sobre amor, sobre valores disciplinarios, que sabe lo que es saber. Esto necesita un vuelco, vamos a acabar desamparados ante tal establecimiento social. Todo está predefinido. Duras mentes cerradas, que no miran más allá de lo que han visto, ¡abrid los ojos! Buscamos progresar. ¿Qué necesidad hay de sentirse parte de algo? Parte de un todo, de un rango, de una nación, de un maldito grupo social. ¡Que le den al estatuto de autonomía y a los políticos que se creen que pueden solucionar que cada día millones de personas pasen hambre!
Estamos muy confundidos, pensamos sólo en lo correcto, en lo que creemos que es lo correcto. Vivamos sólo por vivir y no por creer que vivimos.
domingo, 22 de mayo de 2011
viernes, 6 de mayo de 2011
no puedo apartar mi vista de ti.
Me despierto. La suave brisa de la mañana entra por las rejillas de las persianas y mueve a duras penas mi flequillo. Camino sin rumbo bajo las escaleras de caoba y siento caer el agua cristalina sobre mi cara. Ligeramente coloco mi mano sobre el pomo metálico. Abro la puerta a la esperanza. Ella entra, se sienta, se sirve un poco de café con leche y después se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de café.
Salgo corriendo a través del agujero en la parte trasera de la casa. Ya nada me retiene allí. Es un círculo de desilusiones y ambigüedades. Tengo una entrevista de trabajo. Un poco de tierra en el pantalón. La sacudo con disimulo. Me coloco la chaqueta y me siento a responder unas preguntas a la amistad. No he sido escogido, y me voy como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de dignidad.
Salgo corriendo a través del corredor. No aguanto más en esa ciudad. Cojo el vuelo 27 hacia Zúrich. Delicioso chocolate suizo. Me siento a la luz de la luna a comer un poco con la felicidad. De pronto me roba el chocolate y se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia.
Ya no tengo chocolate.
Salgo corriendo a través del agujero en la parte trasera de la casa. Ya nada me retiene allí. Es un círculo de desilusiones y ambigüedades. Tengo una entrevista de trabajo. Un poco de tierra en el pantalón. La sacudo con disimulo. Me coloco la chaqueta y me siento a responder unas preguntas a la amistad. No he sido escogido, y me voy como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de dignidad.
Salgo corriendo a través del corredor. No aguanto más en esa ciudad. Cojo el vuelo 27 hacia Zúrich. Delicioso chocolate suizo. Me siento a la luz de la luna a comer un poco con la felicidad. De pronto me roba el chocolate y se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia.
Ya no tengo chocolate.
martes, 26 de abril de 2011
extraños.
Bíceps fortalecidos. Aparatos sumergibles. Relojes de arena que funcionan al revés. Triste apariencia volcánica sobre un fondo viscoso. Lenguas fuera, metralletas de platino. Coged un poco de agua. La necesitaréis cuando menos lo esperéis y más la deseéis. Abrasador frío que surge de las tinieblas luminosas. Emergiendo como un ave fénix interceptado por la belleza de la mayor de las estrellas que componen el universo.
Locura indeseable, felicidad detestable, incomprensión fiera, fragilidad ingenua. Datos acumulados que no dan para más que para llenar una extravagante hoja de papel. Vida apagada, muerte a punto de candescer, el fuego de los ojos abrasa el camino de la boca. Tres, setecientos cuarenta y ocho. Números, letras. Álgebra. Filosofía, historia. Historia de la filosofía. Sueños rotos por un dedal. Lo inquebrantable se deslizó por el ínclito limonero y para su desgracia fue a caer sobre la desdicha. Un pedacito de algodón para curar los destrozos bipolares de algún individuo al que la vida tiene insatisfecho.
Pequeños trozos de mí, de ti, de él, de ella. Ruiseñores revoloteando sobre la tumba de sus sueños. Herejía en plenitud, sucumbe a el apetito del éxito. Humanidad desgastada. Desgastada de ser excesivamente humana.
Menudo futuro nos depara nuestro pasado.
Locura indeseable, felicidad detestable, incomprensión fiera, fragilidad ingenua. Datos acumulados que no dan para más que para llenar una extravagante hoja de papel. Vida apagada, muerte a punto de candescer, el fuego de los ojos abrasa el camino de la boca. Tres, setecientos cuarenta y ocho. Números, letras. Álgebra. Filosofía, historia. Historia de la filosofía. Sueños rotos por un dedal. Lo inquebrantable se deslizó por el ínclito limonero y para su desgracia fue a caer sobre la desdicha. Un pedacito de algodón para curar los destrozos bipolares de algún individuo al que la vida tiene insatisfecho.
Pequeños trozos de mí, de ti, de él, de ella. Ruiseñores revoloteando sobre la tumba de sus sueños. Herejía en plenitud, sucumbe a el apetito del éxito. Humanidad desgastada. Desgastada de ser excesivamente humana.
Menudo futuro nos depara nuestro pasado.
lunes, 25 de abril de 2011
al contrario.
Demoníaca esperanza que corroe vuestras venas. Vivís, os mantenéis esperando ridículamente a que vuestro tiempo se convierta en algo más que simples minutos. Buscáis, soñáis, intentáis débilmente que vuestra estúpida existencia encuentre algún tipo de libertad, esa libertad que os condena, que os condena a ser libres.
Ponéis en un atípico, pusilánime e ignoto deseo vuestra alma, vuestro soporte, se desvanecen dos decenas de gramos y puede que uno más, y a partir de ahí, comenzáis a vagar sin rumbo ni dirección predeterminada por el sendero que marcan vuestras absurdas ilusiones.
Creáis un sublime, celestial, negligente mundo propio, secante a la realidad. El sistema crea un prototipo civil, y busca formar en su entorno un cementerio. Un cementerio compuesto por tumbas de vivos.
No se os ocurra decir vuestra opinión, podríais tener la mala suerte de llevar la razón.
Ponéis en un atípico, pusilánime e ignoto deseo vuestra alma, vuestro soporte, se desvanecen dos decenas de gramos y puede que uno más, y a partir de ahí, comenzáis a vagar sin rumbo ni dirección predeterminada por el sendero que marcan vuestras absurdas ilusiones.
Creáis un sublime, celestial, negligente mundo propio, secante a la realidad. El sistema crea un prototipo civil, y busca formar en su entorno un cementerio. Un cementerio compuesto por tumbas de vivos.
No se os ocurra decir vuestra opinión, podríais tener la mala suerte de llevar la razón.
martes, 19 de abril de 2011
fuera.
Odio la religión, porque no me gusta pensar que alguien está controlando mi destino.
Odio el destino, porque no me gusta pensar que no soy yo quien controla mi vida.
Odio los idiomas, porque no me gusta pensar que algo me define.
Odio las matemáticas, porque no me gusta pensar que lo que pasa a mi alrededor está determinado por unas leyes fijas.
Odio la amistad, porque no me gusta pensar que alguna vez esa persona y tú seguiréis caminos diferentes.
Odio el amor, porque no me gusta pensar en dolor.
Odio el dolor, porque no me gusta sentir el sufrimiento bajo mi piel.
Odio lo material, porque odio pensar que algo está definido fuera de mi mente sin poder hacer nada.
Odio los finales felices, porque no me gusta engañarme.
Odio la esperanza, porque no me gusta esperar eternamente.
Odio la eternidad, porque no me gusta la indefinición.
Espera un segundo.
Dime, ¿qué es lo que no odio?
Tienes razón, por mucho que piense lo contrario, no sería capaz de decirte algo distinto a que te quiero.
Odio el destino, porque no me gusta pensar que no soy yo quien controla mi vida.
Odio los idiomas, porque no me gusta pensar que algo me define.
Odio las matemáticas, porque no me gusta pensar que lo que pasa a mi alrededor está determinado por unas leyes fijas.
Odio la amistad, porque no me gusta pensar que alguna vez esa persona y tú seguiréis caminos diferentes.
Odio el amor, porque no me gusta pensar en dolor.
Odio el dolor, porque no me gusta sentir el sufrimiento bajo mi piel.
Odio lo material, porque odio pensar que algo está definido fuera de mi mente sin poder hacer nada.
Odio los finales felices, porque no me gusta engañarme.
Odio la esperanza, porque no me gusta esperar eternamente.
Odio la eternidad, porque no me gusta la indefinición.
Espera un segundo.
Dime, ¿qué es lo que no odio?
Tienes razón, por mucho que piense lo contrario, no sería capaz de decirte algo distinto a que te quiero.
felicidad.
Escribe en tu corazón esas sílabas,
sueña, hábil, que su destreza es pura,
si sus letras borran con amargura,
lejos, al fondo de tu mar envíalas.
Sueña, bajo dulces ojos de fuego,
que ese mundo es real por un instante,
líbrate de todo rival constante;
crea bajo tu luna un suave juego.
Propaga tu estigma, bonita y audaz,
no temas, no dudes, pequeña joven,
aunque no lo creas, serás muy capaz.
No olvides, la felicidad no te roben,
el miedo, sarcástico, vil y voraz,
es tu único rival, que así lo asolen.
sueña, hábil, que su destreza es pura,
si sus letras borran con amargura,
lejos, al fondo de tu mar envíalas.
Sueña, bajo dulces ojos de fuego,
que ese mundo es real por un instante,
líbrate de todo rival constante;
crea bajo tu luna un suave juego.
Propaga tu estigma, bonita y audaz,
no temas, no dudes, pequeña joven,
aunque no lo creas, serás muy capaz.
No olvides, la felicidad no te roben,
el miedo, sarcástico, vil y voraz,
es tu único rival, que así lo asolen.
coeur.
Es una brillante decepción el saber que toda decepción es brillante. Caer en el barro, atónito, levantarme limpio de la suciedad que antes concernía a mi persona. Me cuesta. Me cuesta expresarme, expresar mis conocimientos, mis pasiones, mis sentimientos, y me cuesta expresar el desdén que me produce mi falta de expresión. No brillo, mi opacidad en absoluto resulta una característica reseñable en el contexto social pleno de “personalidades brillantes”. Me cuesta. Me cuesta derramar una lágrima, decir un “te quiero” sincero, y aceptar que no siempre tengo la razón. ¿No os ocurre? Esa sensación de saber que te equivocas pero en el fondo tener la intuición requerida para ofrecer una realidad verídica. Me cuesta, mucho. No espero nada abrumador ni mis expectativas de éxito en la vida superan la neutralidad. Pero al menos algo, un resquicio de esa palabra que tanto añoro y que tanto he eludido.
Esto no es literario, sino un obvio autorretrato. Pesimismo, diligencia, abstracción. Podría vaciar el diccionario de la RAE en un texto si supiese que realmente me iba a llevar a obtener algo. Pero no entiendo qué busco concretamente con esto. Mirad, cero metáforas. Las adoro, vivo con ellas y vivo en ellas, pero también sé evitarlas. Todo sea por… bueno, está claro el por qué, ¿no creéis?
Hace unos meses, dejé de creer en todo. Además de la religión, la ciencia y todas esas realidades prejuiciosas de las que opino que sólo buscan soliviantar el ambiente, dejé de creer en el amor, en la muerte, en la amistad, incluso en la felicidad. Me encerré en mi mundo de los sueños, y me equivoqué. Vaya si lo hice.
Los sueños no son más que una creación del subconsciente que nos hacen percatarnos de ellos mismos. Suena ridículo, pero los sueños no son más que el reflejo de los sueños.
Soy estúpido ¿De qué me sirve vivir en un mundo paralelo esperando enternamente a una secante que corte? Vaya, me cuesta más de lo esperado evitar las metáforas.
No creo en el destino. Ni en la suerte. Ni en las casualidades. Creo que no creo en nada.
Es mi filosofía. Extraña y divagante, pero mía.
mis mejores deseos,
Esto no es literario, sino un obvio autorretrato. Pesimismo, diligencia, abstracción. Podría vaciar el diccionario de la RAE en un texto si supiese que realmente me iba a llevar a obtener algo. Pero no entiendo qué busco concretamente con esto. Mirad, cero metáforas. Las adoro, vivo con ellas y vivo en ellas, pero también sé evitarlas. Todo sea por… bueno, está claro el por qué, ¿no creéis?
Hace unos meses, dejé de creer en todo. Además de la religión, la ciencia y todas esas realidades prejuiciosas de las que opino que sólo buscan soliviantar el ambiente, dejé de creer en el amor, en la muerte, en la amistad, incluso en la felicidad. Me encerré en mi mundo de los sueños, y me equivoqué. Vaya si lo hice.
Los sueños no son más que una creación del subconsciente que nos hacen percatarnos de ellos mismos. Suena ridículo, pero los sueños no son más que el reflejo de los sueños.
Soy estúpido ¿De qué me sirve vivir en un mundo paralelo esperando enternamente a una secante que corte? Vaya, me cuesta más de lo esperado evitar las metáforas.
No creo en el destino. Ni en la suerte. Ni en las casualidades. Creo que no creo en nada.
Es mi filosofía. Extraña y divagante, pero mía.
mis mejores deseos,
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