Después de pasar los últimos cien, doscientos o trescientos días buscando qué es lo que le falla a la humanidad, encuentro la respuesta. Yo soy el que fallo. El mundo está creado bajo la supervisión del propio mundo, vivimos bajo unas leyes vitales predispuestas y todo lo que no está a nuestro alcance lo denominamos como sueño. Si sales a la calle un sábado por la tarde te puedes encontrar todos los prototipos de seres humanos; las señoras que pasean viendo comercios porque sus maridos no se entregan como lo hacían 30 años atrás, consumidas por la programación de telecinco y aburridas por la monotonía de sus vidas; las familias de treintañeros con su par de hijos a los que visten con jerseys de algodón y pantalones de pana, pequeños bastardos malcriados cuya aportación a la sociedad en un futuro no tan lejano como a priori parece no es más relevante que el de las señoras previamente citadas; los grupos de adolescentes que buscan ser diferentes, que luchan por hacerse un hueco, que quieren encontrar su propio estilo para hacerse notar, destacar en una sociedad donde lo más difícil es no hacerlo; los últimos despojos del régimen franquista, en su mayor parte señores de 60 años hacia arriba, empeñados en criticar el progreso y la estúpida actitud modernista y tan socialista de la juventud; y por último la gente que, como yo, no tiene una vida propia lo suficientemente interesante, con lo cual pasa a hacer un estólido análisis de todo el que le rodea.
No sé si es la genealogía de la moral de Nietzsche, el Tombuctú de Auster o las fresas salvajes de Bergman pero a cada momento el mundo se oscurece un poco más. Después es cuando ves un indicio de felicidad y dices, ésta es la mía. Nada más lejos de la realidad, para qué engañarse, no es tan fácil. Y más cuando eres un histriónico, excéntrico y escéptico individuo al que ni siquiera yo mismo haría caso. Lo peor es el momento en el que decides que no haces nada sumamente importante y te decides por escribir cuarenta líneas que vagarán por el espacio-tiempo, sin que nadie repare en ellas, sin que nadie al menos comparta algo de lo que ellas dicen.
Cuando llega ese momento, es entonces cuando te paras y te haces la maldita pregunta que ya te deberías haber hecho hace mucho tiempo: "¿A dónde quiero ir a parar?".
Se necesita un medio, algo que el fin pueda justificar, porque sin medio... ¿a dónde vamos a ir?, la gente busca la autocomplacencia, mediante métodos tan burdos como el sarcasmo o el aplastamiento psicológico, eso a los que les funciona el cerebro debidamente. Todos buscamos algo, queremos llegar a alguna parte, pero si nos damos cuenta de que no tenemos ningún fin... ¿para qué intentarlo?
Pintamos el mundo como queremos, reímos, lloramos, sentimos, creemos que todo esto tiene algún sentido pero en definitiva todo es simbólico. Seguimos modas, pretendemos no hacerlo, es más, creemos que no lo hacemos, pero una cosa está clara, cuanto más diferente te creas, menos lo serás.
Nadie brilla como la Estrella Polar, nadie es tan importante como lo es lo que no es nada. Tenemos fases ideológicas, sentimentales, existenciales, pero nunca dejamos de ser más de lo que siempre hemos sido, un punto negro y desarraigado con el mundo, un intervalo minúsculo en la historia de la historia.
Prejuicios, ética, invenciones varias de la humanidad y de la sofocante vida que perpetuamos, ni los más revolucionarios piensan que matar está bien. El mundo está a nuestra medida, para que soñemos con que alguna vez todo va a cambiar para mejor, para que creamos que la tristeza es una mala racha, para que nos traguemos el rollo de que vendrán tiempos mejores. Si un gramo de metal puede acabar con nuestra existencia, ¿qué derecho tenemos a tomar decisiones?
Un ejemplo para los colaboradores de Sálvame y telebasuras varias: comer con las manos está mal.
El mundo es perfecto por sus imperfecciones, no cabe duda de que el que dijo esto no tenía la educación secundaria.
sábado, 5 de noviembre de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
puede que sea bonito, quizá.
Mientras escribo esta carta, quiero que quede patente que mi estado anímico sublevaba el desarraigo y el acrecentamiento desesperado de la frustración por no ver cumplidas las expectativas que yo mismo tenía marcadas para mi persona. Vamos, que no soy lo que esperaba a día de hoy.
Cuando lloraba, experimentaba un sentimiento de liberación interior, de comprensión con el mundo y ante todo una obvia relación mundana que me abducía bajo la supervisión de mis familiares, amigos, y demás personas cuya relevancia llegaba a ser vital en mi vida y sin los cuales no habría podido pasar siquiera un día en este mundo sin experimentar el más crudo desconcierto ante la realidad que distaba en valores incalculables de mi mágico pero insatisfecho mundo.
Cuando dejé de llorar, sin embargo, me encontré con la pureza de la brisa y del amanecer, asimismo como con el tormento de la responsabilidad, los despropósitos humanos y la carga que supone básicamente la existencia supeditada a la supervivencia en un lugar donde lo que menos te apetece es vivir. La extraña y desigual repartición neuronal entre los habitantes de ésta nuestra sociedad ha creado algo que el comunismo no podría soportar. Sí, señor, una sociedad de clases mayor que la del feudalismo que respeta las leyes de la biología y la bioética así como las influencias clásicas, renacentistas y barrocas, cuya mezcla nos lleva a descifrar que; o eres, o no eres.
Me explico. Tú eres si tu capacidad intelectual en términos porcentuales ronda el 0 en términos absolutos. Si superas eso... lo siento, tu destino es terminar desdichado, solitario, incomprendido, tachado de excéntrico y llevado a la más extrema marginalidad por los demás humanos autárquicos o quizá por tu propio orgullo que te impide la convivencia con seres cuya única conversación se limita a: "menuda cachonda".
Veamos, nuestro estado, el Español, promulga un sistema democrático, en este momento con tintes socialistas que en ningún momento son llevados a la práctica desde ningún punto de vista, y alega que todo ciudadano debe tener unas mismas condiciones, a la vez que todos deben respetar ciertas Leyes preestablecidas por humanos (leyes de humanos para humanos, valga la redundancia) ¿Qué somos? ¿Borregos dirigidos por pastores sin titulaciones ni ideales que se adhieren a lo que más beneficios les reporta? Desde luego, la respuesta es sí. Vale que la crítica no es más que una pistola de agua ante esa barrera de represión y protección al líder.
Vale que no hacía nada escribiendo esta carta, vale que no me servirá de nada volver a llorar sabiendo lo que es estar con la cara más seca que un río sin esperanza.
Puede que suene a tópico pero, al fin y al cabo, la vida no es más que eso, un río, o quizá un arroyo. Son bonitos los arroyos.
Cuando lloraba, experimentaba un sentimiento de liberación interior, de comprensión con el mundo y ante todo una obvia relación mundana que me abducía bajo la supervisión de mis familiares, amigos, y demás personas cuya relevancia llegaba a ser vital en mi vida y sin los cuales no habría podido pasar siquiera un día en este mundo sin experimentar el más crudo desconcierto ante la realidad que distaba en valores incalculables de mi mágico pero insatisfecho mundo.
Cuando dejé de llorar, sin embargo, me encontré con la pureza de la brisa y del amanecer, asimismo como con el tormento de la responsabilidad, los despropósitos humanos y la carga que supone básicamente la existencia supeditada a la supervivencia en un lugar donde lo que menos te apetece es vivir. La extraña y desigual repartición neuronal entre los habitantes de ésta nuestra sociedad ha creado algo que el comunismo no podría soportar. Sí, señor, una sociedad de clases mayor que la del feudalismo que respeta las leyes de la biología y la bioética así como las influencias clásicas, renacentistas y barrocas, cuya mezcla nos lleva a descifrar que; o eres, o no eres.
Me explico. Tú eres si tu capacidad intelectual en términos porcentuales ronda el 0 en términos absolutos. Si superas eso... lo siento, tu destino es terminar desdichado, solitario, incomprendido, tachado de excéntrico y llevado a la más extrema marginalidad por los demás humanos autárquicos o quizá por tu propio orgullo que te impide la convivencia con seres cuya única conversación se limita a: "menuda cachonda".
Veamos, nuestro estado, el Español, promulga un sistema democrático, en este momento con tintes socialistas que en ningún momento son llevados a la práctica desde ningún punto de vista, y alega que todo ciudadano debe tener unas mismas condiciones, a la vez que todos deben respetar ciertas Leyes preestablecidas por humanos (leyes de humanos para humanos, valga la redundancia) ¿Qué somos? ¿Borregos dirigidos por pastores sin titulaciones ni ideales que se adhieren a lo que más beneficios les reporta? Desde luego, la respuesta es sí. Vale que la crítica no es más que una pistola de agua ante esa barrera de represión y protección al líder.
Vale que no hacía nada escribiendo esta carta, vale que no me servirá de nada volver a llorar sabiendo lo que es estar con la cara más seca que un río sin esperanza.
Puede que suene a tópico pero, al fin y al cabo, la vida no es más que eso, un río, o quizá un arroyo. Son bonitos los arroyos.
jueves, 2 de junio de 2011
no me lo puedo creer.
Sueños rotos bajo una caja de cartón. Pesa ya demasiado. La frustración la fue llenando de pedazos de desilusión. Los brazos ya flaquean, las piernas se doblan ante el camino hacia la esperanza. Dos almas que quisieron ser una, un corazón que decidió dividirse en dos. Una letra que lo cambiaría todo, un alfiler que perforaría tu piel lentamente ante la impotencia de saber que en realidad no hay ningún alfiler.
Imaginar que imaginamos, vivir lo que intentamos creer que es vida. Para qué hacer el bien, para qué seguir las normas establecidas, para qué creer que podemos llegar a ser algo. Para qué, decidme. Sois estúpidos. Mirad el cielo y decirme que veis. Nada, ¿verdad? Pues eso es lo que hay. Nada, en todas partes. Si te apetece una tarde de lluvia, sólo tienes que coger y soñar que llueve. Si te apetece dormir, sólo debes soñar que duermes. No. Odio a esas personas que se creen filósofos hippies por pensar que la vida es... bueno, ya sabemos como son los hippies. ¿Vivir la vida cómo si fueran dos días? Qué diablos significa eso. Que el primer día debes sacarte la universidad, el segundo hacer 40 años de vida laboral y esa noche morir. Eso significa. Vaya lemas más sarcásticos se gastan algunos. Estamos aquí porque no servimos para nada, para algo somos humanos. La raza humana sólo sirve para la raza humana, ya me entendéis. Para favorecerse a sí misma... y sobre todo para perjudicarse. Y cuando me vaya nadie llorará porque nadie ha reído conmigo, pero sabéis, me da igual, porque vosotros también os iréis y por mucho que lloren no por ello volveréis.
Mis objetivos en la vida, mis ambiciones, mis metas, mis propósitos, la finalidad de mi vida. ¿Cómo? ¿La finalidad de mi vida dices?
Ser enterrado en un cementerio decente, que para algo me preocupé algo por algo.
Imaginar que imaginamos, vivir lo que intentamos creer que es vida. Para qué hacer el bien, para qué seguir las normas establecidas, para qué creer que podemos llegar a ser algo. Para qué, decidme. Sois estúpidos. Mirad el cielo y decirme que veis. Nada, ¿verdad? Pues eso es lo que hay. Nada, en todas partes. Si te apetece una tarde de lluvia, sólo tienes que coger y soñar que llueve. Si te apetece dormir, sólo debes soñar que duermes. No. Odio a esas personas que se creen filósofos hippies por pensar que la vida es... bueno, ya sabemos como son los hippies. ¿Vivir la vida cómo si fueran dos días? Qué diablos significa eso. Que el primer día debes sacarte la universidad, el segundo hacer 40 años de vida laboral y esa noche morir. Eso significa. Vaya lemas más sarcásticos se gastan algunos. Estamos aquí porque no servimos para nada, para algo somos humanos. La raza humana sólo sirve para la raza humana, ya me entendéis. Para favorecerse a sí misma... y sobre todo para perjudicarse. Y cuando me vaya nadie llorará porque nadie ha reído conmigo, pero sabéis, me da igual, porque vosotros también os iréis y por mucho que lloren no por ello volveréis.
Mis objetivos en la vida, mis ambiciones, mis metas, mis propósitos, la finalidad de mi vida. ¿Cómo? ¿La finalidad de mi vida dices?
Ser enterrado en un cementerio decente, que para algo me preocupé algo por algo.
domingo, 22 de mayo de 2011
ya no quema.
Sentémonos juntos a la vera de la cálida y ligera llama que brota desde nuestro interior. ¿Por qué la necesidad de algo más? El sueño se terminó para evitar el fin. Punto y final. No hay necesidad de buscar un nuevo comienzo para algo que terminó antes de terminar. Ya lo decía mi amado Dante. "¡Oh gente humana, para volar nacida! ¿porqué al menor soplo caes vencida?" Pisamos nuestras limitaciones porque creemos que así podremos traspasarlas. Nacemos, reímos, lloramos, amamos, sufrimos, nos vamos. ¿Nada más? El tiempo no mudó para evitar la mudanza, no. Estamos muy equivocados. Las limitaciones existen, ¡que me lo digan a mí! Basamos nuestra realidad en un falso valor de sociedades, ¡menuda estupidez! Para llegar a vivir 100 años hay que comer verdura, hacer ejercicio y tener una vida honrada y servicial. ¡Al demonio con los cien años! Odio la maldita verdura. Y es que a todo el mundo le gusta creer que sabe. Que sabe sobre política, sobre física, sobre historia, sobre amor, sobre valores disciplinarios, que sabe lo que es saber. Esto necesita un vuelco, vamos a acabar desamparados ante tal establecimiento social. Todo está predefinido. Duras mentes cerradas, que no miran más allá de lo que han visto, ¡abrid los ojos! Buscamos progresar. ¿Qué necesidad hay de sentirse parte de algo? Parte de un todo, de un rango, de una nación, de un maldito grupo social. ¡Que le den al estatuto de autonomía y a los políticos que se creen que pueden solucionar que cada día millones de personas pasen hambre!
Estamos muy confundidos, pensamos sólo en lo correcto, en lo que creemos que es lo correcto. Vivamos sólo por vivir y no por creer que vivimos.
Estamos muy confundidos, pensamos sólo en lo correcto, en lo que creemos que es lo correcto. Vivamos sólo por vivir y no por creer que vivimos.
viernes, 6 de mayo de 2011
no puedo apartar mi vista de ti.
Me despierto. La suave brisa de la mañana entra por las rejillas de las persianas y mueve a duras penas mi flequillo. Camino sin rumbo bajo las escaleras de caoba y siento caer el agua cristalina sobre mi cara. Ligeramente coloco mi mano sobre el pomo metálico. Abro la puerta a la esperanza. Ella entra, se sienta, se sirve un poco de café con leche y después se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de café.
Salgo corriendo a través del agujero en la parte trasera de la casa. Ya nada me retiene allí. Es un círculo de desilusiones y ambigüedades. Tengo una entrevista de trabajo. Un poco de tierra en el pantalón. La sacudo con disimulo. Me coloco la chaqueta y me siento a responder unas preguntas a la amistad. No he sido escogido, y me voy como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de dignidad.
Salgo corriendo a través del corredor. No aguanto más en esa ciudad. Cojo el vuelo 27 hacia Zúrich. Delicioso chocolate suizo. Me siento a la luz de la luna a comer un poco con la felicidad. De pronto me roba el chocolate y se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia.
Ya no tengo chocolate.
Salgo corriendo a través del agujero en la parte trasera de la casa. Ya nada me retiene allí. Es un círculo de desilusiones y ambigüedades. Tengo una entrevista de trabajo. Un poco de tierra en el pantalón. La sacudo con disimulo. Me coloco la chaqueta y me siento a responder unas preguntas a la amistad. No he sido escogido, y me voy como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia. Falta un poco de dignidad.
Salgo corriendo a través del corredor. No aguanto más en esa ciudad. Cojo el vuelo 27 hacia Zúrich. Delicioso chocolate suizo. Me siento a la luz de la luna a comer un poco con la felicidad. De pronto me roba el chocolate y se va como si nada hubiese ocurrido. Perdón, sí que se nota la diferencia.
Ya no tengo chocolate.
martes, 26 de abril de 2011
extraños.
Bíceps fortalecidos. Aparatos sumergibles. Relojes de arena que funcionan al revés. Triste apariencia volcánica sobre un fondo viscoso. Lenguas fuera, metralletas de platino. Coged un poco de agua. La necesitaréis cuando menos lo esperéis y más la deseéis. Abrasador frío que surge de las tinieblas luminosas. Emergiendo como un ave fénix interceptado por la belleza de la mayor de las estrellas que componen el universo.
Locura indeseable, felicidad detestable, incomprensión fiera, fragilidad ingenua. Datos acumulados que no dan para más que para llenar una extravagante hoja de papel. Vida apagada, muerte a punto de candescer, el fuego de los ojos abrasa el camino de la boca. Tres, setecientos cuarenta y ocho. Números, letras. Álgebra. Filosofía, historia. Historia de la filosofía. Sueños rotos por un dedal. Lo inquebrantable se deslizó por el ínclito limonero y para su desgracia fue a caer sobre la desdicha. Un pedacito de algodón para curar los destrozos bipolares de algún individuo al que la vida tiene insatisfecho.
Pequeños trozos de mí, de ti, de él, de ella. Ruiseñores revoloteando sobre la tumba de sus sueños. Herejía en plenitud, sucumbe a el apetito del éxito. Humanidad desgastada. Desgastada de ser excesivamente humana.
Menudo futuro nos depara nuestro pasado.
Locura indeseable, felicidad detestable, incomprensión fiera, fragilidad ingenua. Datos acumulados que no dan para más que para llenar una extravagante hoja de papel. Vida apagada, muerte a punto de candescer, el fuego de los ojos abrasa el camino de la boca. Tres, setecientos cuarenta y ocho. Números, letras. Álgebra. Filosofía, historia. Historia de la filosofía. Sueños rotos por un dedal. Lo inquebrantable se deslizó por el ínclito limonero y para su desgracia fue a caer sobre la desdicha. Un pedacito de algodón para curar los destrozos bipolares de algún individuo al que la vida tiene insatisfecho.
Pequeños trozos de mí, de ti, de él, de ella. Ruiseñores revoloteando sobre la tumba de sus sueños. Herejía en plenitud, sucumbe a el apetito del éxito. Humanidad desgastada. Desgastada de ser excesivamente humana.
Menudo futuro nos depara nuestro pasado.
lunes, 25 de abril de 2011
al contrario.
Demoníaca esperanza que corroe vuestras venas. Vivís, os mantenéis esperando ridículamente a que vuestro tiempo se convierta en algo más que simples minutos. Buscáis, soñáis, intentáis débilmente que vuestra estúpida existencia encuentre algún tipo de libertad, esa libertad que os condena, que os condena a ser libres.
Ponéis en un atípico, pusilánime e ignoto deseo vuestra alma, vuestro soporte, se desvanecen dos decenas de gramos y puede que uno más, y a partir de ahí, comenzáis a vagar sin rumbo ni dirección predeterminada por el sendero que marcan vuestras absurdas ilusiones.
Creáis un sublime, celestial, negligente mundo propio, secante a la realidad. El sistema crea un prototipo civil, y busca formar en su entorno un cementerio. Un cementerio compuesto por tumbas de vivos.
No se os ocurra decir vuestra opinión, podríais tener la mala suerte de llevar la razón.
Ponéis en un atípico, pusilánime e ignoto deseo vuestra alma, vuestro soporte, se desvanecen dos decenas de gramos y puede que uno más, y a partir de ahí, comenzáis a vagar sin rumbo ni dirección predeterminada por el sendero que marcan vuestras absurdas ilusiones.
Creáis un sublime, celestial, negligente mundo propio, secante a la realidad. El sistema crea un prototipo civil, y busca formar en su entorno un cementerio. Un cementerio compuesto por tumbas de vivos.
No se os ocurra decir vuestra opinión, podríais tener la mala suerte de llevar la razón.
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