sábado, 11 de junio de 2011

puede que sea bonito, quizá.

Mientras escribo esta carta, quiero que quede patente que mi estado anímico sublevaba el desarraigo y el acrecentamiento desesperado de la frustración por no ver cumplidas las expectativas que yo mismo tenía marcadas para mi persona. Vamos, que no soy lo que esperaba a día de hoy.

Cuando lloraba, experimentaba un sentimiento de liberación interior, de comprensión con el mundo y ante todo una obvia relación mundana que me abducía bajo la supervisión de mis familiares, amigos, y demás personas cuya relevancia llegaba a ser vital en mi vida y sin los cuales no habría podido pasar siquiera un día en este mundo sin experimentar el más crudo desconcierto ante la realidad que distaba en valores incalculables de mi mágico pero insatisfecho mundo.

Cuando dejé de llorar, sin embargo, me encontré con la pureza de la brisa y del amanecer, asimismo como con el tormento de la responsabilidad, los despropósitos humanos y la carga que supone básicamente la existencia supeditada a la supervivencia en un lugar donde lo que menos te apetece es vivir. La extraña y desigual repartición neuronal entre los habitantes de ésta nuestra sociedad ha creado algo que el comunismo no podría soportar. Sí, señor, una sociedad de clases mayor que la del feudalismo que respeta las leyes de la biología y la bioética así como las influencias clásicas, renacentistas y barrocas, cuya mezcla nos lleva a descifrar que; o eres, o no eres.

Me explico. Tú eres si tu capacidad intelectual en términos porcentuales ronda el 0 en términos absolutos. Si superas eso... lo siento, tu destino es terminar desdichado, solitario, incomprendido, tachado de excéntrico y llevado a la más extrema marginalidad por los demás humanos autárquicos o quizá por tu propio orgullo que te impide la convivencia con seres cuya única conversación se limita a: "menuda cachonda".

Veamos, nuestro estado, el Español, promulga un sistema democrático, en este momento con tintes socialistas que en ningún momento son llevados a la práctica desde ningún punto de vista, y alega que todo ciudadano debe tener unas mismas condiciones, a la vez que todos deben respetar ciertas Leyes preestablecidas por humanos (leyes de humanos para humanos, valga la redundancia) ¿Qué somos? ¿Borregos dirigidos por pastores sin titulaciones ni ideales que se adhieren a lo que más beneficios les reporta? Desde luego, la respuesta es sí. Vale que la crítica no es más que una pistola de agua ante esa barrera de represión y protección al líder.

Vale que no hacía nada escribiendo esta carta, vale que no me servirá de nada volver a llorar sabiendo lo que es estar con la cara más seca que un río sin esperanza.
Puede que suene a tópico pero, al fin y al cabo, la vida no es más que eso, un río, o quizá un arroyo. Son bonitos los arroyos.

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